Mundial 2026: De qué están hechos los sueños
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El partido entre las selecciones de Portugal y Croacia en la Copa Mundial de Futbol 2026 fue distinto a otros; de hecho, fue distinto a todos los partidos que he visto a lo largo de mi vida, que sin miedo ni pena puedo decir que suman miles. Mi exesposa dirá que es tiempo perdido, que pude haber hecho miles de cosas más importantes en todas esas horas de 45 minutos.
Me ha tocado ver grandes jugadores en la cancha. Cierto, no recuerdo con claridad haber visto al Maradona de 1986; apenas recuerdo las chilenas de Hugo Sánchez en el Real Madrid, pero me es lejano. Es cierto que por aquel tiempo, en mi inocencia o ignorancia, no tenía claro qué era exactamente un mexicano jugando en el Real Madrid, pero intuía que era algo grande.
El juego en que dos leyendas se enfrentaban me resultaba entre amargo y nostálgico, como un café sin azúcar y algo frío. Me tocó ver a esos dos grandes futbolistas en la cancha y uno de ellos se iba a despedir para siempre de los mundiales. Lo triste, o lo irónico, es que son amigos y cientos de veces los vi jugar juntos, levantar copas o irse tristes por el túnel de los vestidores. Los vi irse del equipo donde vestían de blanco para jugar con otros colores. Solo a través de la pantalla; nunca ha pasado por mi mente ir a un juego real de futbol. Eso no me hace menos fan.
Muchos dirán que es solo un juego; para otros será solo un negocio, pero el futbol es más. Así como un día en la antigua Grecia se dieron cuenta de que, para demostrar el valor, la lealtad y la fuerza de los guerreros, no había que ir a la guerra y mutilar a quienes eran tus hermanos, dejarlos inhabilitados para ser productivos. A fin de cuentas, los griegos de Esparta, los de Atenas y los de otras ciudades eran un mismo pueblo.
Para ello los griegos inventaron las Olimpiadas, para medir la fuerza y la destreza de sus atletas sin tener que destrozarse de forma permanente. El futbol tiene ese mismo aliciente: medir dos escuadras, dos países, dos pueblos y seguir siendo hermanos.
Un cronista deportivo escribe desde afuera lo que ve, aunque muchos nunca estuvieron dentro del juego, pero eso no implica que no lo entiendan. Un entrenador grita desde la orilla del campo hasta quedar afónico; habla con sus muchachos, les trata de explicar lo inexplicable. Al final, llegado el momento, cada uno sabrá qué hacer.
Lo que ha representado para Luka y Cristiano este Mundial es ver diluirse su última oportunidad de alzar la copa, un último sueño de poco más de 6 kilogramos de oro sólido. Aun cuando juntos levantaron 15 títulos para el Real Madrid en cientos de partidos, ambos se irían: uno en ese juego y el otro en el siguiente enfrentamiento.
A Cris y su equipo de envidiosos les tocó apagar la última esperanza de Luka de ganar un Mundial. Fue desde los 11 pasos, por la vía del tiro penal. Hay un video de Modrić detrás de Ronaldo; su expresión dice que el Comandante no falla casi nunca desde esa distancia. Sabe que es un gol seguro.
Y entonces entendí que no estaba viendo únicamente un partido de futbol; era el mismísimo paso del tiempo. Las piernas ya no responden igual, los reflejos se vuelven más lentos. Es cuando descubres que los héroes e ídolos también son mortales. Era el día en que comenzábamos a despedir leyendas.
Cristiano seguirá siendo Cristiano. Luka seguirá siendo Luka. Ningún resultado borrará todo lo que escribieron durante casi dos décadas en las canchas del mundo. La Copa del Mundo, esa que tantas veces les negó la historia, no alcanza para medir el tamaño de una carrera ni el lugar que ocupan en la memoria de millones.
Quizá de eso están hechos los sueños: de perseguir algo que nadie puede prometer. Porque algunos sueños se levantan en forma de trofeo y otros permanecen vivos en quienes tuvieron el privilegio de presenciarlos.
Cuando el silbante marcó el final de ambos partidos, se cerró un capítulo de nuestra propia vida. Tal vez muchos no se dieron cuenta de ello; muchos tampoco somos conscientes de que nosotros también envejecimos viendo correr a esos gigantes.
Mientras las nuevas generaciones se estrellan con el mismo muro y comienzan a escribir su historia, otros podemos decir que tuvimos el privilegio de haberlos visto jugar. Por lo pronto a disfrutar los últimos juegos de este torneo porque luego habrá que seguir viviendo.
